En días de tempestad, escribo sobre lluvia y oscuridad.
En días de ocio escribo sobre esa apéndice
de la vida que da felicidad, extravagancia y humildad.
En días de dicha y satisfacción planto mis consecusiones,
mis amores y virtudes.
Y en días inexplicables, inexplicablemente escribo
lo inexcplicable, ¡perturbado!, lo inexplicable.